24.2.10

La bondad de mi madre

La bondad de mi madre no conoce límites. En silencio sus ojos hablan, su corazón sufre, su mente teme. Como si el no hablar evitara dolores futuros, pero al menos evita los suyos propios en esta vida, todavía se cuida e intenta cuidarnos. Ignoro pero imagino sus pensamientos, y sin dudas estoy muy lejos de comprender su sentir. Mientras esté valoraré su fortaleza y haré de ella un ejemplo a seguir, ahora y en el futuro, mi madre y su fortaleza, mi madre y su amor incondicional. Cuando no esté la extrañaré como a nadie, porque todo me lo ha dado y me ha dejado un legado de amor inmesurable. Mi cuenta pendiente será siempre el no haber podido devolverle todas las satisfacciones que ella me dió, y le rendiré tributo en cada logro que consiga y le suplicaré consejo y una caricia del alma cuando no sepa como continuar. Mi madre tiene ganado el cielo, porque aunque no perfecta, supo amar sin decir palabra, supo sufrir sin decir palabra, supo dejar su huella en mi desde el mismo momento que me dio la vida y lo seguirá haciendo hasta que parta y aún cuando ya haya partido. Su presencia me acompañará siempre y vivirá siempre alegre en mi corazón y en mis actos. Lo único que pido es que no sienta que la olvidaremos algún día, quiero que sepa con certeza que no se va, que se queda viva entre nosotros y que sepa que sin dudas existirá un momento de reencuentro, porque amores como este no mueren con el cuerpo.

Escrito 39 días antes de que te fueras

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